Creo que es necesario que se compartan e integren los dos conocimientos, la espiritualidad de los pueblos orientales y la practicidad que vivimos en occidente. También dicho de otra manera el sentir del espíritu oriental con la del vivir material occidental. De esta forma espíritu y materia caminan juntos hacia la perfección, como fue por siempre. Pero esta unión debe ser teniendo en cuenta diferencias que existen entre el Ser occidental y el oriental, recordando ese refrán que dice: “Lo que es ambrosía para unos para otros puede ser veneno”.

El ser humano occidental no tiene el mismo tipo de cuerpo físico que el oriental. Su alimentación difiere, a veces mucho, por lo tanto su vibración a nivel físico, material, no es la misma. El tipo de educación recibida, los conceptos éticos, culturales, vida social, familiares, son diferentes. Su vida emocional, quitando las emociones básicas que compartimos todos los seres humanos, no tiene nada que ver con la nuestra. Su karma racial y del país no es el mismo, por eso ellos han nacido allí y nosotros aquí. Su forma de pensar, de utilizar la mente no es la misma que la nuestra pues tienen conceptos y prioridades diferentes a los nuestros. Incluso algunos conceptos, que aquí son muy populares, allí no existen, como por ejemplo la autoestima. Los tibetanos no entienden como se puede tener la autoestima baja. No existe esa palabra. El entorno en el que viven está impregnado, a través de los siglos, por la energía de muchos seres verdaderamente espirituales (junto con otros que lo aparentan solamente) que les ayuda por afinidad de vibración a seguir una vida que nosotros llamaríamos espiritual.

Los lugares físicos por los que se mueven están repletos, muchas veces, de templos sagrados en los que, con una gran devoción se siguen las prácticas y ritos espirituales, por lo tanto esa vibración les favorece. Cierto que muchos de los rituales practicados son puramente culturales, no tan espirituales como aparentemente parecen, pero, así todo, mejor es estar escuchando cantos a dioses que cantos a las pasiones mundanas.

Aquí, en occidente, la vibración en la que estamos inmersos, por regla general, se aleja bastante de ese entorno idóneo para la práctica espiritual fácil. Esa vibración material y emocional nos pone más difícil la práctica espiritual. De positivo tenemos que si se practica adecuadamente se producen avances más rápidos por el “entreno” continuo que podemos tener.

Por ejemplo he escuchado en un medio de comunicación recientemente que España es el segundo país del mundo que mas bares tiene. Sin menospreciarlos, es evidente que no es el lugar mas adecuado para hacer prácticas espirituales. Mi esposa fue recientemente a la India, me comentó que hasta altas horas de la noche, debajo de donde ella dormía cantaban todas las noches cantos espirituales. Me dice que a las melodías occidentales les ponen letras espirituales. Cantan alabanzas a sus dioses y les piden gracias. Evidentemente no es lo mismo que pasa aquí por las noches. Es sabido que los lugares religiosos occidentales tienen una vibración mucho mas baja que los orientales, por lo tanto estamos inmersos en unas condiciones vibratorias completamente diferentes y por la ley de la vibración, la de sintonía y la de resonancia estas condiciones son menos favorecedoras que en oriente para seguir las prácticas espirituales.

Todo esto hace que la enseñanza que sale de oriente no se pueda aplicar palabra por palabra en occidente. Sería muy difícil para un occidental levantarse mas temprano todavía para hacer unos minutos de meditación añadiendo además ese entorno, la mayoría de las veces ruidoso y muchas veces hostil, y además, tal vez una convivencia con el resto de la familia en otra “onda espiritual”.

La enseñanza oriental pues, hay que adaptarla a la forma de vivir aquí, con nuestras familias, en nuestro entorno, podría decir que a pesar del entorno, porque uno no puede ni debe esperar a que el entorno sea “más favorable” para practicar pues nunca será lo “bastante” favorable. Por esto el trabajo interno debe hacerse en el lugar y momento que nos ha tocado vivir. Con salidas de casa a las siete de la mañana, coches, semáforos, supermercados, tv. bombardeando con lo que tienes que comprar para “ser más feliz”, carreras, prisas, siempre corriendo de un lado a otro sin tiempo para reflexionar un momento y preguntarte, por lo menos, adonde vas con tanta prisa. El trabajo, los niños, las actividades extraescolares y por no seguir, ese largo etc. que cada uno podemos agregar y todo esto en un entorno familiar a veces menos favorecedor de lo que nosotros desearíamos para hacer prácticas espirituales.

Es por todas estas razones por las que las enseñanzas orientales deben adaptarse a la forma de vivir en occidente. Es posible para un occidental seguir una vida espiritual profunda en cualquier familia, lugar y entorno si sigue el procedimiento adecuado. Es mas, debe hacerlo así. El alma de cada uno, la naturaleza de buda nos ha puesto en el lugar exacto, necesario para evolucionar, lo ha elegido con su Sabiduría y por el karma de cada uno y si lo rehuimos se volverá a repetir en condiciones quizá peores.

Este es un curso que pretende hacer llegar lo mas esencial de la espiritualidad oriental, lo mas profundo, de una forma sencilla y práctica teniendo en cuenta todos esos factores expuestos anteriormente.

Aquí llamo la atención sobre el concepto espiritual. Espíritu y materia son los dos polos opuestos de una misma energía. Son la misma energía vibrando a frecuencias diferentes, si utilizamos términos científicos. Esto ya lo dijo Einstein y actualmente el famoso científico Stephen Hawkings lo corrobora. En psicología transpersonal (mas allá de la persona), el psiquiatra italiano Roberto Assagglioli, 1960 contempla al ser humano como un conjunto de cuerpo físico, emocional, mental y espiritual, siendo este último como algo más allá de la persona, algo en el que anidan valores que no corresponden a la persona, valores mas elevados, rescatando este concepto del puramente religioso en el que se venía contemplando hasta entonces pero no excluyéndolo. Él, a través de sus experiencias con numerosos pacientes en su consulta y hospitales llega a la conclusión de que si se tuviera en cuenta ese algo más, ese espíritu, muchos de los pacientes psiquiátricos serían vistos de otra forma.

La concepción religiosa o no de este término va a depender de cada persona, de su momento evolutivo y del entorno cultural en el que se haya desarrollado, pero en su verdadera esencia estamos hablando de lo mismo, siendo compatibles perfectamente las dos concepciones en la exposición de este curso. Por esto podríamos darle diferentes nombres y no faltaríamos a la verdad.

Otro motivo para darle este nombre al curso que presento es la apertura y el respeto que tiene el budismo hacia todas las religiones y filosofías recomendando, siempre que tienen ocasión, de continuar con las creencias que cada uno tenga integrando en la mismas, si así lo desea, los conceptos o prácticas del budismo que cada uno elija pero sin la necesidad de “cambiar de religión”.

Concretamente el propio Dalai Lama, periódicamente, cada dos años aproximadamente, se reúne con diferentes científicos de renombre universal para intercambiar conocimientos y conceptos, diciendo que no tendría inconveniente en cambiar los conceptos budistas que la ciencia demostrara que están equivocados. De estas reuniones salen libros tales como “El sueño, los sueños y la muerte”, ed. Francisco Varela; “Mente y conciencia”, ed. Luz de oriente; “Cienciamente”, ed. Mandala o “Emociones destructivas”, uno de los últimos, todos con temas diferentes pero todos interesantes por ese intercambio de conocimientos entre oriente y occidente.

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